Mis huesos inarticulados, mis músculos entumecidos. Todo colapsado por el pánico provocado por pensar en la grandeza del universo, en esa obsesión: de quererlo abarcar todo, de querer tomar las decisiones más constructivas que nunca haya tomado antes y de querer tenerlo todo bajo control.
Intentando siempre tomar esos caminos que te lleven a algo, que no te dejen tirado en la cuneta, que te lleven a algún punto, estado o situación
Pero cuando crees tenerlo todo verdaderamente controlado, te entra ese pánico, esa necesidad de quedarte paralizada en medio de una ruta sin destino cierto, pero eso sí, paralizada por mi propia voluntad. Posiblemente lo haga porque soy consciente de que escogí ésta carretera sin tener la menor intención de recorrerla entera, sin pensar que me llevaría a algún final, sin creer que "llegaría a Roma", como dicen algunos.
Y es que estaba, -y creo que todavía lo sigo estando- dispuesta a recorrer la carretera entera, todo el kilometraje que la caracteriza con la incógnita de no saber nunca hacia dónde me lleva, hacia dónde voy. Como si excavase un hoyo en la orilla de una playa, metiese mi cabeza en su profundidad y me dejase llevar sólo por mis pensamientos, esos que no se atreven a alejarse más de tres pasos de mi cuerpo -y que yo, tampoco les dejo que lo hagan-, que me piden que vuelva esa fantasía perdida y que nunca deje de no escoger.
Y así, sigo estando, paralizada en un dinámico movimiento -sin movimiento- que me hace sumar -aunque sumar no signifique avanzar- vivencias en el cuentakilómetros.
Espero que todo lo que me espera en mi futuro a corto plazo no me haga paralizarme del todo, mis huesos, mis músculos ya lo están, pero que no paralice a mis órganos. Me quedan demasiadas carreteras por recorrer sin rumbo fijo.
Intentando siempre tomar esos caminos que te lleven a algo, que no te dejen tirado en la cuneta, que te lleven a algún punto, estado o situación
Pero cuando crees tenerlo todo verdaderamente controlado, te entra ese pánico, esa necesidad de quedarte paralizada en medio de una ruta sin destino cierto, pero eso sí, paralizada por mi propia voluntad. Posiblemente lo haga porque soy consciente de que escogí ésta carretera sin tener la menor intención de recorrerla entera, sin pensar que me llevaría a algún final, sin creer que "llegaría a Roma", como dicen algunos.
Y es que estaba, -y creo que todavía lo sigo estando- dispuesta a recorrer la carretera entera, todo el kilometraje que la caracteriza con la incógnita de no saber nunca hacia dónde me lleva, hacia dónde voy. Como si excavase un hoyo en la orilla de una playa, metiese mi cabeza en su profundidad y me dejase llevar sólo por mis pensamientos, esos que no se atreven a alejarse más de tres pasos de mi cuerpo -y que yo, tampoco les dejo que lo hagan-, que me piden que vuelva esa fantasía perdida y que nunca deje de no escoger.
Y así, sigo estando, paralizada en un dinámico movimiento -sin movimiento- que me hace sumar -aunque sumar no signifique avanzar- vivencias en el cuentakilómetros.
Espero que todo lo que me espera en mi futuro a corto plazo no me haga paralizarme del todo, mis huesos, mis músculos ya lo están, pero que no paralice a mis órganos. Me quedan demasiadas carreteras por recorrer sin rumbo fijo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario