martes, 19 de agosto de 2014

impaciencia en los tobillos

Salta al vacío como quien no tiene la intención de regresar jamás. Ánimo alimentado por una pasión joven que no la deja vacilar ante el riesgo. Donde un inconveniente es la oportunidad de saltar por los aires. Furia que se crece ante el peligro. Apetito por lo incierto, desconocido e impaciencia en los tobillos. Ganas de más. Más y mejor, más y peor. Simplemente: Más. Hambre de ciudades, de países, continentes, de estaciones de tren, aviones y autobuses. Retinas expectantes, cámara en mano, mochila en la espalda y vida por delante. Un calendario lleno de tachones y cientos de hojas por arrancar. Curiosidad. No hay horas de descuento cuando tus talones sufren la paralización de tu esqueleto y sólo hay fuerzas para avanzar otro tramo más de carretera. 
No hay voluntad de llegar a ningún final. 
No hay más obviedad que la de este tiempo que no cesa, esta vida que no espera ni un segundo por quien se entretiene en el camino. 
No hay más verdad que la del universo en movimiento, aquel que sólo nos procura dos alternativas en su completa integridad: Dejarle huella a nuestro paso, o permitir que él deje una profunda o profusa huella en nuestros pasos.

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